LA FARSA DE ALEJANDRO TOLEDO PARTE I

LA FARSA DE ALEJANDRO TOLEDO PARTE I

TITULO DEL LIBRO: Yo conocí al monstruo por dentro. Autora: Jenny Zuñiga Mourao. Edición: Julio Verde del Campo. Impresión Lima-Perú. Marzo de 2006.
Libro Ensayos Sobre La Oligarquia Peruana

“YO CONOCI AL MONSTRUO POR DENTRO”.
Autora: Jenny Zuñiga Mourao.
Edición: Julio Verde del Campo. Impresión Lima-Perú.
Marzo de 2006.

¡ALÓ! PRESIDENTE
– ¡Aló!
– Jenny, te habla Alejandro Toledo.
– jPRESIDENTEEEEE!
– ¿Cómo estás Jenny?, cuánto tiempo…
– Estoy bien, me va bien. ¿Y usted como está?
– Bien…
– Lo felicito. Logró su objetivo. Es Presidente de todos los peruanos. Fue por su perseverancia. Es un ejemplo para todos, especialmente para los dueños de nada.
– Sí, y por eso te llamo… para agradecerte porque apostaste por mí, cuando nadie creía en mí, y nadie daba ni un sol por mí.
– Sí, Presidente, sí recuerdo.
– Soy Presidente, también, gracias a tu trabajo, porque apostaste por mí, a cambio de nada.
– Gracias, Presidente.
– Jenny, ¿recuerdas?, tantos desvelos, tantos viajes, nadie nos daba nada.
– Sí Presidente, lo recuerdo muy bien.
– Nadie daba nada por nosotros, tú apostaste por mí, y por eso quiero agradecerte ahora.
– Gracias, Presidente.
Sin olvidar que siempre trataba de aconsejarlo, ingenuamente, le dije:
– ¿Le puedo dar un consejo? -Sí, dime, me respondió.
– Ayer lo vi en televisión. Estaba en Cabana, su pueblo, lo vi llorar y conmoverse ante la pobreza. Regreso después de muchos años. La imagen difundida por este hecho fue singular, y de gran proyección, por emitirse, a través de la televisión. Por esta misma razón, este acto debe repetirlo durante todo su gobierno, viajar a todos los pueblos por donde pasamos a ofrecer y prometer, durante la campaña. Debe regresar y agradecerles, pero también, debe llevarles los ofrecimientos cumplidos; vaya con las manos llenas. Este pueblo herido, hasta de muerte, también apostó por usted, y debe ser agradecido.
– Sí, lo haré, me respondió emocionado.
– ¿Le puedo dar otro consejito?
– Sí, respondió.
– Dígale al Vicepresidente, Raúl Diez Canseco, que deje de hacerse prensa como si fuera el Presidente; el presidente de la República es usted, y no él. No es posible que le permitan hacerse más publicidad que usted.
– Sí, lo haré. Te lo prometo. Estoy rodeado de chupamedias y ayayeros que no estuvieron en el principio. Yo me voy a desprender de ellos; son unos convenidos, yo saldré de ellos y te llamaré.
– Muy bien, Presidente. Le deseo lo mejor.
Y conociendo que casi nunca cumplía sus promesas, me arriesgué a responderle, sin ningún interés
– No se preocupe por mí, estoy bien y tengo trabajo; es más, tengo un buen sueldo.
(Tengo que agradecer que conseguí un trabajo gracias a la mano que me extendió Roxana Cueva, a través de un amigo muy querido, Fernando Valencia, también periodista. Eran tiempos difíciles, Toledo había preferido abandonarnos, así que ese apoyo jamás lo olvidaré).
– ¿Dónde trabajas ahora? -En el CTAR Callao. -¿Qué es el CTAR Callao?
– Ya lo sabrá. Es un lugar donde se trabajan obras, con mucho dinero, gracias a Aduanas.
– Ok. Jenny, gracias por tu trabajo, quería reconocértelo. -Gracias, señor Presidente.
Fue un diálogo conmovedor y no puedo negar que me sentí emocionada, como si un miembro de mi propia familia hubiera obtenido el grado más alto en su vida, y que, sin duda, por ese mismo afecto, él se había molestado en llamarme y hacérmelo saber.
Su llamada y ese reconocimiento me han permitido irrogarme este valor, resaltado por el mismo presidente de la República. Por eso, es que me animé a escribir mis memorias, de la misma agenda de la campaña política presidencial, en la cual tuve un carácter protagonico y pude reconocer que en sus inicios sólo primaban las ganas locas de cambiar al presidente de la República.
Me tomé en serio el hecho de ayudar, a través de mi carrera periodística y experiencia en campañas políticas, a este cholo rebelde, que con su mirada me expresaba que quería ser Presidente y cambiar el destino de todos los peruanos.
Yo debería, nuevamente, enfrascarme en algunas de las estrategias de Keller y un poco de la idiosincrasia de nuestro país. Con ello, logramos una mixtura perfecta.
Al equipo de la campaña lo caracterizaba la pobreza, ¿cómo no poder estar identificados con esta misma realidad que aqueja, hasta la actualidad, a millones de compatriotas, especialmente a los del Perú profundo?
Entonces, ¿cómo teníamos que dudar, si vimos que todo empezaba con el sueño de un hombre, que aprendió a modular su voz para sorprender o sentirse más importante cuando hablaba, y era maestro en ESAN? Cómo no creer en una campaña que empezó sin dinero, con un grupo minúsculo de grandes amigos, como Papa Noel, el Mellizo, Cucho, Armandina, Iván Arroyo, Lucho Gómez, Rochi Venegas y Rosi Guzmán.
Tal vez, me olvide de otros nombres, como también, algunos de estos se transformaron, a pesar de no ocupar grandes cargos. Seguramente, me estoy olvidando de aquellos que no tenían nombre, pero que viajaron por todo el Perú, pintando los cerros y las paredes, como Toledo quería: de rojo bandera.
Su llamada se produjo un día cualquiera, de los que en esa época vivía, trabajando, tratando de olvidar que estuve metida en el sueño de alguien. Pensaba que estaba fuera de todo. A pesar de eso, todos los recuerdos se habían quedado sumergidos en mi memoria.
Pero nada hacía presagiar que el actual Presidente, podría empezar a hacer uso de su poder y solicitar que me llamen a mi celular; jamás lo hubiera imaginado.
Me habló su chofer. Ellos habían entrado a palacio, y el Presidente le solicitó que se comunicara conmigo. Así, el chofer estableció el contacto, se presentó y me dijo textualmente:
-Señora, usted no me conoce pero yo sí la conozco, a través de lo que me comenta el presidente de la República; habla maravillas de usted, dice que usted lo ayudó cuando no era nadie, que trabajó a su lado, desde los inicios, con pocas personas, pero que usted trabajó con desvelo, en su labor como periodista.
No podía creer lo que me decía esa voz. Al inicio, pensé que se trataba de una broma, así que le dije, por favor ¿quién me toma el pelo? Y el mismo chofer me volvió a decir, soy el chofer del presidente de la República, y ésta no es una broma…
Le dije que no podía ser, pues estaba viendo, por la televisión, al mismo Presidente entrando a Palacio de Gobierno.
-Sí, señora, estamos en el patio de palacio de gobierno, y en este momento el Presidente se va a comunicar con usted, dijo el chofer.
Me quedé atónita, pues veía por la televisión, como el Presidente bajaba las gradas de palacio, se introdujo a su carro, y dio inicio a la conversación de agradecimiento que jamás hubiera esperado en mi vida.
Detalles como éste, sin duda, inspiran a escribir lo vivido, lo bueno, lo mejor que se compartió, en la primera campaña, y claro también lo malo y lo ingrato: gracias, señor Presidente.
Yo viví su logro, el mismo día que ganara las elecciones del 2001, ya estábamos muy alejados; vi la transmisión del anuncio y como lo celebró con sus nuevos amigos, casi todos desconocidos, especialmente para mí. Obviamente, también había otros conocidos que, seguramente, estuvieron festejando al chino en su primer mandato, cuando ganara las elecciones.
Si buscáramos en los archivos de la televisión, encontraríamos que son los mismos los que, estratégicamente, rodean a los presidentes en nuestro país, a veces, no directamente, pero sí, a través de sus recomendados o testaferros.
Estaba muy emocionada. Tenía a mi hija de 3 años, en brazos, y se me cayeron las lágrimas, fue emocionante. Y cómo no sentirlo así, si habíamos trabajado duro casi 4 años, habíamos sembrado la semilla necesaria para cosechar, no importaba que yo estuviera lejos. Habíamos logrado vender un presidente al pueblo peruano, como lo diría el marquetero Borrini.
Toledo se había convertido en Presidente. Para eso trabajamos a su lado, tanto tiempo, y sin descanso. Y aunque estuviera lejos, sentí que era un logro también de nosotros y de mi familia, y que hoy lo veíamos festejar, a través de la televisión.
Desde aquella mañana, tuve la impresión que todos mis amaneceres eran diferentes, como él lo había pregonado, un nuevo amanecer, siempre decía.
-¡Toledo es presidente!… y sentía que diciéndolo, lo hacía real, palpable y que era un logro alcanzado también por mí. Y presagiaba, que habría muchas personas interesadas en que jamás me acerque a él, ni siquiera para saludarlo. Muchos se encargarían luego de alejarme, con infundios y mentiras. Más tarde, el tiempo me dio la razón: una de estas personas sería la congresista Doris Sánchez Pinedo, tal vez la más interesada.
-¡Toledo es presidente!… y lo demás no importaba. Claro, diariamente, me había convertido en una investigadora de sus errores y fallas, en sus mínimos movimientos. Curiosamente, cuando abría los diarios percibía, por sus declaraciones, a dónde quería llegar, si estaba de acuerdo o en contra, con alguna actitud de sus ministros. A través de los medios de comunicación, he aprendido a conocerlo un poco más y así a leer entrelíneas sus intenciones.
Claro, también, a través de la televisión, cada día he conocido a un ayayero nuevo, como él mismo les ha denominado. Sólo me recuerdan episodios pasados, como cuando daban su vida por subir a los estrados, en los mítines, a pesar que no era del gusto del candidato y él me solicitaba impedir que suban.
Siempre tuve confianza en sus cartas bajo la mesa. Toledo no es tonto. Se deja guiar sólo hasta donde quiere. Se llena de información, espera la crisis, la ve desarrollarse, observa quienes ayudan y quienes no y después sanciona, sale a cortar cabezas o a dar espaldarazos, públicamente. Aunque, en el seno de los fundadores, sabíamos que este espaldarazo público sólo tendría la duración de una semana más, al lado de él.
Bueno sin más ni más, Toledo es presidente, y todo lo que pudiera estar pasando o pasara, yo solamente, lo vería desde el balcón, como el tiempo lo ha querido.
A pesar de ello, me siento orgullosa de la experiencia vivida, por el antes y por el después, y por la limpieza con la que relataré las memorias que viví, al lado del candidato presidencial más variopinto de todas las épocas.

USANDO A LOS MÁS CHOLITOS
Sin duda, una campaña, al inicio, convoca a muy poca gente. A Perú Posible llegaron, primero, los que menos tenían; pude ver a los cuñados y al esposo de una hermana de Toledo, a un tal Mellizo, a un joven de Huánuco llamado Retis, a un cocinero del restaurant Costa Verde, a quien le decíamos el Cholón. La mayoría se acercaba porque no tenían trabajo y veía en el cholo la alternativa creíble para obtenerlo, en el futuro gobierno.
Y, seguramente, Toledo veía en ellos la mano de obra gratuita, con la promesa de darles trabajo si llegaba a ser Presidente, y con inteligencia sabía engatusar a más de uno.
Pero, también, Toledo había formado su grupo de blanquitos, entre ellos un par de médicos, uno de ellos Solari; un par de mujeres blancas, una de ellas, Pilar Freitas. También, el “gato gordo” que se convirtió en su jefe de campaña; el Dr. Ivanoe Vega, un tipo inolvidable que después terminaría siendo el jefe del presupuesto, sin duda, uno de los hombres más cercanos a su entorno familiar. Así, en el grupo de campaña, había de todo un poco.
Los cholitos sin trabajo, desde tempranas horas, seguían al candidato, y más de una vez Toledo les tenía que invitar el menú para salvarles el día.
Toledo, al inicio de la campaña, diseñó los colores de sus afiches y también de sus pintas. Así, separó al grupo, y como una expedición de Almagro les dio una misión a cada grupo, de recorrer sus destinos, y en el transcurso del camino dejar las pintas en las paredes y cerros del Perú.
Los pintores de paredes, en la mayoría de los casos, los fundadores, viajaban como podían, casi siempre por carretera, y Toledo les daba de su bolsillo, un mínimo vital para mantenerse de 4 a 5 días que duraba el trabajo.
En este partido variopinto había de todo: los criticones, los sometidos, los sapos, los mirones que no hacen nada; de estos últimos fue que vi una mayor cantidad, sólo recuerdo algunos nombres, pero mencionarlos sería ofenderlos, así que me abstengo de hacerlo. Sin duda, terminaron siendo ellos los más inofensivos, pero sí los más maltratados por el olvido del líder.
La campaña, entonces, se inició con ellos, eran pocos pero trabajaron duro, hicieron el trabajo más sacrificado de pintar los cerros y las paredes de blanco y rojo bandera, como lo pedía el líder. Bastaba que Toledo dijera que quería que pinten las paredes con alusiones al partido, en Urubamba, en el Cusco, y esta gente tan noble y tan humilde, inmediatamente, hacía que su deseo se convirtiera en realidad.
Pero, también, había una banda, la primera banda, la del señor Orozco, que hace algún tiempo se comunicó, telefónicamente, conmigo para decirme que quería contactarse con el Presidente, ya que le debía el pago a la banda de las 10 últimas presentaciones en los mítines. Sin pensarlo dos veces, ni mentirle, le dije que sería muy difícil que vea al presidente del Perú; las cosas han cambiado, hay gente nueva, o los pistacos lo han copado, en otras palabras lo han secuestrado, hasta le han puesto la secretaria en Palacio, todo ha cambiado.
Curiosamente, el entorno de Toledo había cambiado totalmente. Lo más curioso es que lo rodeaba gente de Acción Popular, entre secretarias y agentes de seguridad, también una secretaria de la casa de Adam Pollack. Lo más increíble es que esta misma gente impidió, todo este tiempo, que los fundadores alguna vez tuvieran acceso al mismo Presidente. Luego entendí que esta gente es, especialmente, colocada para realizar el copamiento al Presidente y esto sucede en todos los gobiernos, casi siempre lo hacen los golondrinos, los que llegan a última hora a servirse del poder.
Escuchar nuevamente a Orozco fue maravilloso, pues aún recordaba como ensayaba los huaynos, antes de los mítines, pero lo mejor fue cuando un día le solicité que tocara la canción favorita de Toledo y su mujer, “Amor Amor”. Y ante la sorpresa de todos, Orozco sacó la música en menos de 10 minutos. Quedamos encantados, ya que a partir de ese día, esa canción, tan querida por el líder, y también por el pueblo, se convertiría en la característica de sus presentaciones públicas.
En los inicios, también conocí al famoso Papa Noel, Amado Velásquez, un anciano tan candido que admiraba por sobre todas las cosas a Toledo; siempre le escuché decirle: mi presidente, y veía como su pecho y sus mejillas rosadas se hinchaban de emoción.
Estaba segura que don Amado presentía que Toledo llegaría a convertirse en Presidente, y le ponía punche a toda la campaña, no importando los viajes incómodos en carros viejos, ni tampoco el hambre que más de uno padecía por acompañar al líder.
Papa Noel era el único que aportaba económicamente en los inicios de la campaña, era infaltable, y pagaba las bebidas, los menús, las banditas, etc. La mayoría de los casos, encabezaba el viaje de avanzada y era el benefactor para la gente que iba a pintar.
Era increíble, pero los desocupados eran los que más siguieron a Toledo, principalmente, en los mercados. Lo hicimos en los conos y veía como, a pesar que más de uno no tenia recursos, venia, religiosamente, a alentar a Toledo, y sin duda, a arengarlo en sus primeros baños de popularidad.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS! CANDIDATO
Una de las cosas que más le gustaba al candidato, era celebrar a lo grande su cumpleaños, y tal vez, por la estratégica ubicación de asuntos internacionales, en ESAN, es que gozaba de una activa vida social. Increíblemente, compartía con los más famosos de la política peruana.
En sus onomásticos, jamás podían faltar personajes como Yoshiyama, el ingeniero Mc Bride, diversos embajadores, uno que otro cónsul en nuestro país, un chef amigo íntimo de Raúl Vargas, que le regaló un Wolkswagen en miniatura.
En esa ocasión lo acompañaban también, Amado Velásquez, el popular Papa Noel; Ivanoe Vega, Eduardo Villena, Víctor Delfín, Adam Polack. De igual forma, los yupis de ESAN, entre ellos Novoa y Marciano Rengifo.
La fiesta se dio cita en su elegante casa de Camacho, que del recuerdo de la casa de un provinciano sólo quedaban las piedras incrustadas, en un arco, simulando el ingreso a un templo real incaico.
Había licores por doquier, de todos los colores y de todas las marcas.
El buffet era europeo, con un cocinero gringo de dos metros, ubicado estratégicamente, al lado de la piscina. Sin duda, era una de esas fiestas de cumpleaños que más de uno sueña tener.
El gran animador era nada más y nada menos que Gonzalo Iwasaki, quien anunciaba el baile de honor de la pareja, también el happy birthday de los 53 años.
Toledo, como siempre, se opuso a comprar las 53 velitas de rigor; solo mandó colocar una velita sobre la gran torta.
La música más reclamada era la música austriaca, tal vez la favorita del cholo.
Había más de un pituquito de Míraflores y muchas viejítas con plata.
Eliane, como siempre, hizo todo para aparecer como la mujer amorosísima y delicada de Toledo, besitos por aquí y por allá, seguidos de los respectivos Papi y Mamuska como se solían decir. Su vestido rojo bandera, como le gusta a Toledo, y bailaba a su ritmo, cuando se sentaba en las rodillas del cholo.
El chino, era el tema favorito de las últimas reuniones sociales. Toledo le prometía a los asistentes que se haría el cholito, y al final de la campaña se comería al chino con zapatos y todo. Mientras Raúl Vargas de RPP le decía, desiste de la contienda, todavía no es tu oportunidad, y Toledo le indicaba con cierta sorna: tú dedícate a relatar noticias y a cocinar, que es lo que mejor haces, déjame a mí con mi caucau, y si no pregúntale a Eduardo o a Luchito.
Raúl insistía, desiste Alejandro, ganaremos un presidente, pero perderemos un amigo. Los fundadores del partido, presentes en la fiesta de cumpleaños, defendían la posición de su amigo y líder, pero Raúl era el único que insistía en que desista de convertirse en el presidente de todos los peruanos. Sus razones tendría.
La noche transcurrió así, jamás faltó la comida y menos aún el trago, y por lo tanto pocos invitados se habrían retirado a descansar. Toledo permanecía en charla amena, mientras tomaban mucho wiskey con hielo, vodka y agua tónica.
A las 5 a.m., Toledo les dice a los sobrevivientes, señores, tengo hambre les invito un caldo de gallina. En esos momentos, Anatolio, su padre, bajó y se sorprendió de ver aún a la gente, y entre murmullos comentó, hasta estas horas siguen aquí. Pero, Raúl dice, qué caldo de gallina ni ocho cuartos, vamos a un sitio para comprar mariscos, y te voy a preparar lo que tú necesitas, para que ya no duermas. Esta propuesta fue recibida con gran algarabía por los presentes.
Al final, fueron al mercado de Surquillo. Sólo bajó el chofer Marco, Mc Bride y Raúl Vargas; en el auto se quedaron Toledo y Lucho.
Entonces, compraron rápidamente los ingredientes: cangrejos, corvinas, toyos, camotes, entre otros y se fueron de regreso a la casa de Toledo
En la casa de Camacho, Raúl Vargas, trasformado en chef, realizó un exquisito potaje que quedó listo a las 8:00 a.m. Sin duda, el plato cumplió su sagrada misión de levantar a todos los muertos. Más tarde cada uno tomaría su rumbo.

NADIE SABE PARA QUIÉN TRABAJA
El hecho de entrar en una campaña para la candidatura a la presidencia no es cosa de todos los días. Tal vez, nadie se animaría a participar si se enterara de algunos detalles que a continuación detallaré. Tampoco, cualquiera se animaría a ingresar a esta aventura si de antemano supiera lo que pasaría más adelante… pero nadie puede adivinar el futuro.
Y sólo por desconocer el destino, entras y te enrolas en un instante de entusiasmo desbordante. Puedes llegar a pensar que tu candidato podrá cambiar el destino del Perú y sobre todo piensas que puede darle una mejor calidad de vida a los más pobres, a los dueños de nada en nuestro país.
No sé debido a qué misteriosas razones le llegas a creer todo a tu candidato e incluso tu atención se hace extrema, tanto así que hemos podido ser testigos de cómo muchos fundadores abandonaron sus empleos para acompañar en su sueño al candidato.
Sin duda, los desempleados son los que más abundan en la campaña, o como hace pocos escuché a un viejo político, que dijo, que hacer partidos es un problema en el Perú, porque se te suben los desempleados al coche, y hasta les tienes que dar de almorzar, ya que vienen a solucionar, en la mayoría de casos, sus problemas de hambre y desocupación.
Entonces, según ese razonamiento, por un plato de lentejas son capaces de todo, claro sin llegar a extremos. Hemos sido testigos de que al grueso de este incipiente Perú Posible, a la mayoría, los dueños de nada, se les discriminaba; sólo eran útiles a la hora de pintar paredes y cerros por doquier.
Hay varias formas de entrar en una campaña: cuando te invita el mismo líder, como lo hizo con nosotros, para contribuir profesionalmente, o cuando, por ambición al poder, te acercas, con muchísimo dinero, para apoyar los gastos de campaña, como lo hicieron muchos empresarios o personajes adinerados, no sin antes sacar, de los mismos labios del candidato la promesa que gozarían de su apoyo, de llegar a la presidencia.
También hay un espacio para los ayayeros, los mirones, los críticos constructivos y los destructivos, los mecenas, los ideólogos, los que pintan paredes y los que las despintan, los que corren detrás del líder, y los testaferros de los intereses del poder, los que por encargo vienen a guardarle una butaca al gran mecenas que no pondrá su cara hasta el final, hasta la consagración, hasta el brindis con etiqueta azul. En este caso, conocimos a varios, como Samuel Dyer, Adam Polack, los Díaz, los popis, Mayman entre otros, pero también había misios como Garabito y Mora. Igualmente, los supermillonarios, los dueños del oro, de la plata, del aceite y del petróleo.
El asunto es que más de una golondrina aterrizó estratégicamente, y otros invitados ingenuos en política, como algunos de nosotros, los del inicio, trabajamos arduamente una campaña, en la que muchos no creían. Esto debido a que se trataba de un candidato, no sólo cholo sino con muchos errores en su mismo pasado, y por esta misma razón fue más difícil sudar la camiseta, pero, a pesar de todo, la luchamos y logramos subirlo en las encuestas.
Lamentablemente, su comportamiento, casi al final de la segunda vuelta, habría defraudado, directamente, no sólo a los fundadores, sino a sus más cercanos colaboradores, a su gente de extrema confianza, la que él mismo designó para realizar el trabajo, desde el inicio. Increíblemente, no tuvo la capacidad de dialogar, directamente, y explicar los cambios de su comportamiento menos aún las intromisiones de las golondrinas que vimos, en muchas ocasiones, intervenir, sin dar explicaciones.
Luego, vendrían las humillaciones, en las que, sin duda, también habrían contribuido y aceptado Jesús Alvarado y Luis Solari. Después, nos dimos cuenta que teníamos que retirarnos, por una cuestión de honor y principios. Cuando tienes valores, sabes reconocer tus deberes y derechos, y sabes también definir en qué momento debes retirarte. Generalmente, esto no sucede entre políticos, casi siempre se traicionan y salen a la prensa a vociferar algún atropello entre ellos mismos. Nuestro caso no era éste.
Nosotros, como periodistas, tuvimos que callar y esperar, no estaba en nuestras manos perjudicar el destino del presidente del Perú, le tocaría al pueblo más tarde conocerlo y juzgarlo.
Algo tarde, nos dimos cuenta que sin desearlo, estuvimos apoyando a un falso líder, y caímos, en donde jamás debimos caer, como después hemos reflexionado más de uno de nosotros, cuando el destino sin querer nos volvió a juntar, en las puertas de algún cine o almorzando en un restaurante. Bastaba ver los escándalos que durante su gobierno difundió la televisión y la prensa, algunas veces bien documentados y otras veces la noticia era disminuida por los intereses. Pero al fin y al cabo, eran escándalos, provocados por el mismo Toledo, o por su familia.
Es irónico, pero es importante, que todos sepan muy bien que en las campañas políticas vale todo, y que por ganar prensa y notoriedad, los asesores y hasta el mismo candidato, inventarán más de una argucia para llamar la atención de la ciudadanía, por ejemplo: denunciarás que el opositor te ha arrancado tus afiches, acusarás a tu adversario de borrar tus pintas del cerro, denunciarás el secuestro de tu avión o lo autosecuestras, saldrás en los medios recordando o que vendías hielo o tamales, para que te crean trabajador y más cholito.
El asunto es que la demagogia está a la orden del día, la idea es ganar unos minutos en la televisión y acusar a tus rivales de acoso, persecución, daños y perjuicios. También dirás que recibe apoyo económico del diablo, todo vale, y el rival lo aguantará, ya que para lograr la réplica tendrá que meterse en la mentira y así también se gana alguito, en la televisión, y el acusado aprovechará para salir a desmentir, cuantas veces lo desee, en los canales de televisión.
Las campañas las inician, no sólo los soñadores, casi siempre, algunos misios y sin chamba; sin duda, algunos que tienen aún trabajo, gracias a la política, y que teniéndolo están buscando acomodarse, en el próximo gobierno y los profesionales de verdad. Todo empieza de nada, absolutamente nada.
Por ello, te queda claro que el trabajo más arduo lo hacen los primeros, los del inicio, luego vienen las golondrinas y para sacarte te acusan de espía, de filtrar información al enemigo o a la prensa, de conocer a la mafia. Cualquier cosa será válida para sacarte y copar al candidato, ad portas de ser elegido Presidente. Cuanto más cerca esté de convertirse en Presidente, más grande y voraz será la ambición por rodearlo.
Esto lo pudimos constatar nosotros mismos, y es que cerca de las elecciones del 2000, fuimos testigos de su entrada triunfal y de sus donativos, las reuniones interminables con whisky o vodka. El asunto es que estaban festejando y no sabíamos qué, seguro que su reencuentro, los mismos de siempre en política, pero esta vez había un gran pretexto: unirse para la recuperación de la democracia.
Así coparon a Toledo, que ya había subido firmemente, en las encuestas. Tenían que colgarse ya de él, casi era el virtual presidente del Perú, esto estaba claro. El mismo Toledo se lo creyó, y lo bautizaron como el líder de la democracia. De esta forma, toda la casta política despreciada por Fujimori, por dormirse o comer en sus curules, empezó a revivir, gracias a Toledo, que sin más ni más, les abrió la puerta a todos, ya que estos mismos cadáveres políticos le estaban asegurando, curiosamente, su elección presidencial.
Al no concretarse su elección presidencial, por razones ya conocidas, en el 2000, Toledo planea una marcha de todo el Perú, a la cual denominaría más tarde la Marcha de los Cuatro Suyos, idea que la diseñó el publicista Alfonso Salcedo. Finalmente, la organización se la encargarían a Doris Sánchez, experta en portátiles. Pero, al descubrir algunos enfrentamientos de Doris con los militantes, así como maltratos, en la conformación de la marcha, decidió cambiarla por Carlos Bruce. Esto provocó la decepción y el desanimo de la misma Doris, que según sus propias palabras, habría reclamado que Carlos Bruce sólo había venido, a última hora a jactarse con el trabajo de ella, y ahora se encontraba dando declaraciones a la prensa, asumiendo él mismo, toda la organización.
Por tal motivo, al día siguiente, se dio a conocer un asalto a las oficinas del partido en Cantuarias, y el robo del disco duro de la computadora con la información de los militantes que participarían a nivel nacional de la organización de la marcha de los cuatro suyos.
Bruce, ni tonto ni perezoso, denunció este hecho a las autoridades y como buen político, también, a los medios de comunicación.
El copamiento de la gente nueva y con grandes intereses ya era evidente, durante estos momentos, los fundadores se habían quedado paralizados, sin más fuerzas para rescatar a su líder, y Toledo ya habría conversado con sus principales colaboradores como Jesús Alvarado, Alberto Cruz, Luis Solari, entre otros. El asunto era que esta actitud de las golondrinas no les incomodó en lo absoluto, al inició, Toledo, a puerta cerrada, les habría dado las explicaciones del caso.
Sin embargo, a otros no les había dado ninguna explicación, y como fundadores más tarde, renunciarían indignados. Toledo demostraría que le importaba poco, pues jamás les hizo caso, actitud que pasó inadvertida por los medios de comunicación. Y qué podría importarles, en ese momento, a los medios, la denuncia de tres gatos del partido, de quien aparecía como el favorito de las encuestas.
Entonces, cree usted amable lector, que en ese momento alguien con autoridad moral, se percató de este hecho, en plena elecciones. La respuesta es ¡NO!

LA PRENSA
Cuando Toledo me pidió acompañarlo en su campaña política, eran los últimos meses del año 1997. Al conocerlo, inmediatamente le narré mi trabajo con el ex congresista Carlos Torres y Torres Lara, con quien por primera vez tuve la oportunidad de entrar en política, y conocer, especialmente, el trabajo con los medios de comunicación, a nivel nacional, pero sobre todo, la estrategia para conseguir que el mensaje sea recibido con efectividad por los receptores
Toledo quedó sorprendido y encantado, al escuchar la estrategia diseñada por el mismo Torres Lara, así que me pidió realizar de la misma manera su campaña. También, me pidió trabajar y coordinar la campaña, directamente, con César Dulanto, su primer jefe de campaña.
En su oficina de ESAN, empezamos a bosquejar las primeras notas de prensa, para llamar la atención de los medios de comunicación, y con Patricia, su secretaria, hacíamos las coordinaciones del caso, para enviar lo más temprano posible las notas a los medios.
Su primera estrategia estaría en difundir diversos temas de orden económico, y sin reparos y con escasos conocimientos en el tema se lanzó, él mismo, a bosquejar sus propias notas de prensa, las que antes de las 10:00 a.m. eran enviadas, vía fax, a todos los medios de comunicación, en Lima.
Recuerdo que eran muy pocos medios los que nos daban cobertura, entre ellos el diario Gestión, radio CPN y canal N. En algunas oportunidades, un entrañable amigo nos publicaba en la página de política, en la sección “Sin confirmar” del diario El Comercio.
Para Toledo todo era importante, incluso la nota más pequeña que El Comercio nos publicaba, el asunto era avanzar, pero también, anunciar el avance. A toda costa quería que la casta política se entere que él entraba en campaña, y en esta ocasión, estaba seguro de ser el presidente de todos los peruanos.
A los otros grandes medios de comunicación no les importaba su candidatura. En algunos casos, me decían por teléfono que ya lo conocían y que había perdido en la campaña del 95, y no pasaba nada con él.
Toledo quedaba fascinado, al constatar diariamente que su nombre era comentado, en cualquier medio de comunicación, ya sea escrito, radial o televisivo. Quedaba muy contento, ya que su primer objetivo era que su nombre empezara a sonar y lo habíamos logrado, en menos de una semana.
Al mismo tiempo, diseñamos la campaña de difusión, en medios radiales en provincia, la que se efectuaba todos los días, a partir de las 5:00 a.m. y, en algunos casos, al mediodía. Toledo se sentía entusiasmado, generalmente, cuando le daban cabida en los medios, pero sobre todo en provincia, ya que casi siempre las entrevistas radiales se extendían de media a una hora, y al día siguiente, el rebote en los diarios locales y regionales del lugar era un éxito rotundo.
La transformación de Toledo también fue un arduo trabajo, pues cuando lo conocimos aún hablaba el spanglish, y tenía muy pocas palabras para expresarse en castellano. Era difícil entenderlo, ya que tergiversaba muchas palabras. Sin embargo, poco a poco empezó a corregirse, y en muchas oportunidades le corregimos o le dimos otras opciones de sinónimos, para que los utilice con facilidad. Definitivamente, su lenguaje no era claro.
Sin embargo, tenemos que aceptar que, paulatinamente, ante la sorpresa del equipo, empezó a hablar más claro, a través de las radios, y a confundirse con el Perú profundo.
En aquellos tiempos, la gente ya estaba harta de las imposiciones del gobierno de Fujimori y esto permitió que Toledo se convierta, poco a poco, en la nueva alternativa, ya que significaba una nueva opción para las elecciones. Además, Toledo ofrecía trabajo, y eso era bastante para aquella época.
Lo que sí tenía claro era la modulación de su voz, era impactante escucharlo, mejor aún con los ojos cerrados, su voz hacia imaginar un hombre grande, seguramente apuesto, y con grandes aspiraciones. En términos generales, está claro, que, a través de la radio, el candidato Toledo encontró el feedback (retroalimentación), tan ansiado, con el pueblo peruano y supo ponerlo a su favor, mientras avanzaba la campaña. Era sorprendente observar su transformación.
En los inicios de 1998, llevamos a cabo una agenda de viajes. Teníamos que considerar las ciudades con mayor electorado, así que Toledo no dudó en buscarlas, como Iquitos, Cusco, Arequipa, Trujillo, Chiclayo, Chimbóte, Huaraz, entre otras.
Recuerdo que él compró, con su propia plata, su pasaje y el mío, para viajar por primera vez, y probar suerte en la ciudad de Arequipa. A este viaje, nos acompañó Walter Gago, un amigo que estuvo con Toledo, en los inicios del 98.
Para Toledo sería Arequipa una ciudad donde tendría, tal vez, que constatar mi trabajo de prensa, en provincia. Seguramente, quería ser testigo, en el lugar, sobre la convocatoria que podría realizar.
Así que, apenas descendimos del avión, inicié la convocatoria a todos los medios de comunicación, en Arequipa, sin excluir a ningún medio. La cita era en horas de la mañana, del día siguiente, a las 10 de la mañana.
Y así se realizó una conferencia de prensa, la cual convocó a más de 33 medios de comunicación de la ciudad blanca. Toledo estaba feliz, mejor dicho emocionado, pues había pasado mucho tiempo, desde su primera presentación como candidato, en 1995, que no había tenido a tantos medios de comunicación frente a él.
Sorprendentemente, también lo vi nadar como pez en el agua con el asunto de su conferencia magistral y su tema favorito: su candidatura a las elecciones presidenciales.
Tan feliz quedó que después se fotografió con los mismos periodistas que asistieron a la conferencia, y no sólo eso, también firmó autógrafos a unos jóvenes que pasaron cerca de él.
La prueba de fuego, tanto la mía para convocar y la de él para asumir esta improvisada conferencia, salió a pedir de boca. El trabajo de campaña, en todo caso, había logrado sus frutos, ya que se cumplieron los objetivos, de salir en todos los medios de comunicación de esa ciudad.
Su alegría fue tan extrema, que decidió festejar esa misma noche. Me dijo que de premio al trabajo me invitaría a un lugar importantísimo en Arequipa, amenizado por una peña. No obstante, el recorrido al interior de Arequipa fue tan agotador que al retornar a la ciudad preferí descansar hasta el día siguiente.
Walter Gago me llamó a mi habitación para salir, como habíamos quedado, pero le comuniqué que me quedaría a descansar, así que ellos salieron y, sin duda, celebraron hasta el día siguiente, ya que, en las primeras horas de la mañana, ambos no podían ser ubicados.
La hora del vuelo era a las 7 y 20 de la mañana, por lo que me desperté a las 6:00 a.m., me aliste y los llamé por teléfono. Toledo estaba dormido y Gago se sentía muy mal, así que, de primera mano, me pidió que cancele su viaje, ya que él viajaría en la tarde.
Con Toledo la situación se puso insostenible, ya que le volví a telefonear, y me dijo, muy bien, Jenny, salgo en unos minutos, espérame en el aeropuerto.
Obedecí al pie de la letra, y partí al aeropuerto. Aún estábamos en hora. Cuando llegué a chequear los pasajes de ambos, ya eran las 6:30 a.m.
Como él mismo me lo indicó, estaba en el aeropuerto esperándolo. Al pasar media hora, pensé que tenía que llamarlo, para confirmar que había salido del hotel, pero pasé saliva cuando la dependiente, me dijo, un momento, aún el doctor Toledo está durmiendo. ¡Oh!, no podía creerlo. Le dije páseme la llamada por favor. Sonó muchas veces y luego contestó. Me dijo, Jenny, es increíble, me quedé dormido; estoy saliendo en unos minutos, bien, le dije, rápido, aún estamos en hora.
Nuevamente me senté, ya más tranquila, a leer los periódicos para constatar el rebote de su visita a la blanca ciudad, y sin duda había sido exitosa; estaba en todos los titulares de los diarios de Arequipa. Me sentí orgullosa, pues este viaje le había confirmado a Toledo mi capacidad de convocatoria de los medios en provincia.
Aproveché unos minutos para comprar pan serrano y unos quesos que le encantan a mi padre, pero, nuevamente, el miedo me invadió, presentía que a Toledo le había vencido el sueño. Llamé al hotel, y otra vez, el doctor Toledo me contestaba, casi dormido: ¡Ohhhhhhhhh!, Jenny perdóname, cambia los pasajes al vuelo siguiente, y estoy en media hora, en el aeropuerto, por favor, perdóname.
Muy bien, órdenes son órdenes, cambié los cupos al siguiente vuelo y entonces, para esto sí había un plazo considerable para esperar: casi dos horas.
Me fui tranquila a cambiar el vuelo para una hora más tarde, y aproveché para tomarme un café, leí unas revistas y aprecié la artesanía del lugar. Conversé con algunas personas, que como yo, esperaban que el avión retorne de Lima.
Pasaron las dos largas horas y Toledo, no llegaba. No lo podía creer. Ya estaba desesperada, temía no volver ese día a Lima, y poder reencontrarme con mi pequeña hijita de dos años.
Entonces, asustada lo llamé al Hotel. Tal vez estaba pensando mal, y el doctor había tenido un accidente por el camino. Otra vez la misma señorita, y el teléfono sonando, en su habitación, un par de veces y contestó. Le dije, doctor ¿qué le paso? y nuevamente Jennyyyyy, discúlpame, me quedé dormido.
Casi perturbada, le dije: ¿Y ahora qué hacemos? Entonces me dijo, no te preocupes, yo llego y al toque consigo vuelos y pasajes, no hay problema. Le dije, doctor, si perdemos este vuelo -que ya estaba perdido- no hay vuelos hasta las 5 p.m. me dijo, de ninguna manera.
-Por favor avisa a la dependiente del mostrador del aeropuerto que el avión me espere por favor, estoy en unos minutos más.
Me pareció muy raro, es más, en toda mi vida, de viajes con políticos jamás había intentado pedir retener un vuelo para que esperen al político retrasado o al candidato. Era imposible, pero como él lo ordenó, entonces me dirigí al mostrador y solicité la posibilidad de esperar a Toledo, e! candidato a la presidencia. Entonces se miraron, sonrieron entre sí, y me dijeron, lo sentimos, señorita, si no está, salimos sin él. ¡Oh!, no, por favor ayúdeme, él llega en unos minutos más. Me dijeron, si mientras cargamos, el doctor no llega, entonces será imposible: perderá el vuelo. Por lo que tuve que resignarme y esperar.
Como me temía, nunca llegó. Perdimos el segundo vuelo. Era increíble, sólo daba vueltas en el corredor y me daba vergüenza, o más que vergüenza, pánico de pensar que timbraría al hotel y él me contestaría. Por ello, decidí esperar, unos minutos más.
Salí para observar si venía y, luego de 40 minutos, aproximadamente, lo divisé, llegando en un auto tico amarillo. Bajó presuroso y me saludó. Estaba algo avergonzado y nervioso, y me pidió los pasajes. Se los di, y luego exclamó, sígueme. Por lo que lo seguí, y llegamos al mostrador.
Allí me pidió su maletín. Mostré mi asombro y le pregunté ¿qué maletín? ¿Bajaste del auto mi maletín? No, no vi ningún maletín y no bajé nada. Usted descendió del auto, canceló el servicio al chofer, cerró la puerta y el taxista se fue.
Entonces dijo, ¡oh!, no, mi maletín. Se puso nervioso y empezó a caminar por la vereda de ingreso del aeropuerto, diciéndose a si mismo: “No puede ser, es increíble”, mientras se cogía la cabeza con las dos manos. “¿Y ahora qué hago? ¡No lo puedo creer!”.
-Esto es muy curioso, estoy seguro que Montesinos ha mandado robarse mi maletín, estoy seguro, me dijo.
Me quedé muy asombrada. No podía creerlo, pero sin duda, ya conocía que tenía una gran imaginación y ciertos delirios de persecución, y le dije: no creo doctor Toledo, llamaré al hotel para chequear los datos del taxi.
Así, un dependiente del hotel me dio los datos precisos, es más, me dijo: “Señorita llegó el taxista y nos indicó que el maletín del doctor se había quedado en la maletera del auto”. ¡Oh!, qué bien, dije, por favor que regrese el taxi al aeropuerto.
Así, nuevamente fui donde él y le di la gran noticia:
-Doctor, apareció su maletín, no se lo robó Montesinos, lo llevó el taxista, y retorna, en estos momentos, al aeropuerto.
El taxi llegó pronto al aeropuerto, al lugar en el cual nos encontrábamos.
Muy alegre entró al taxi y sacó el maletín, y lo revisó para saber si algo le faltaba.
-Jenny, aquí está mi reloj, es muy querido para mí, un reloj que tiene un gran significado, es más me trae mucha suerte; es mi reloj de la suerte.
Nuevamente, volvimos al asunto de encontrar cupos en los siguientes aviones. Así, Toledo me dijo, no te preocupes es una fija que yo consigo el vuelo. Aquí todos me conocen, lo voy a conseguir, tú espérame aquí. Y me colocó frente al mostrador, a unos dos o tres metros.
Lo vi ir de un mostrador a otro, desesperado, sin ninguna novedad, estaba nervioso y ya no caminaba, ahora estaba corriendo, de uno a otro lado. Sólo podía divisar que los encargados le movían la cabeza, en señal negativa.
En un momento Toledo se detiene y me mira. Viene hacia mí y me dice, Jenny, espérame, lo voy a conseguir, te lo prometo, no vamos a perder el vuelo, estaremos hoy en Lima. Asimismo, me pidió que entrara a la cafetería del aeropuerto. Supuse que no quería que lo viera en esos apuros de buscar cupos.
Así que allí esperé. Al cabo de unas horas, llega Walter Gago, con quien habíamos viajado, y al vernos dijo ¿qué hacen aquí? Le relaté la historia, a grosso modo, y no podía creerlo tampoco.
Pero lo más triste de la historia es que Toledo tenia un mitin, en Chimbóte, y debía estar allí a las 7 p.m., y eso hacía que el tiempo se acortara y las posibilidades del viaje también.
Toledo, siempre entusiasta, volvió con un pasaje en la mano y feliz nos dijo, bien ya conseguí un pasaje, sólo para mí. Me voy a Lima, en un vuelo más pequeño, y así tendré tiempo de llegar al mitin de Chimbóte. Allá me espera un vuelo casi a las 7:30 p.m. Muy bien, dije, me pareció increíble, pero había que salvar el mitin, lo demás no importaba.
Así, con tranquilidad despedimos a Toledo, nos dio indicaciones y subió al avión. Con Gago, gestionamos nuestro vuelo para el avión de las 6 p.m.
Sin duda, pensaba que me había pasado otras cosas trascendentales, por ejemplo, en los viajes a todo el Perú con el doctor Carlos Torres y Torres Lara, pero esto era algo sorprendente, era un asunto de responsabilidad y puntualidad.
Había transcurrido una hora y conversábamos amenamente, y de pronto vemos al doctor Toledo venir hacia nosotros. Pensamos que era un sueño, ¿qué hacía en Arequipa, sí tenía que estar en Lima? Así, presurosos nos acercamos a él y nos dijo:
-Maldición, ese vuelo era Arequipa-Cusco-Arequipa.
¡Oh!, no, y sólo nos quedó romper en risas. Los tres empezamos a reír, nadie nos paraba, era algo inaudito, sólo le podía estar pasando esto a él, nada más que a él, había perdido una hora de tiempo, paseándose por los aires del sur, y su mitin lo esperaba en Chimbóte.
Inmediatamente, separamos un cupo más para él, en nuestro vuelo y retornamos a Lima sin novedad. En Lima, Gago había ya coordinado una avioneta para trasladarlo a Chimbote, en donde a las 7 p.m. ya la plaza estaba repleta de chimbotanos esperándolo.
Los demás viajes se planearían para los fines de semana, y antes de éstos sólo coordinaríamos con los medios de Lima, para enviarles notas de prensa, lo mismo hicimos con las radios, a nivel nacional.
Para esto, ya contábamos con el apoyo “incondicional” de Aerocontinente, empresa que nos empezó a donar medios pasajes. Luego, sólo pagaríamos 32 soles de impuestos, e increíblemente, después nos harían llegar pasajes en blanco los que rotulábamos para hacerlos efectivos al momento de viajar.
El trabajo de prensa se coordinaba, directamente, con el candidato, quien se tomaba parte de la tarde, en sus oficinas de ESAN, para elaborar el mensaje de cada día, especialmente en el tema económico que era el que veníamos tocando, únicamente, en la capital.
Toledo estaba convencido que para sobrevivir y caminar despacito y por las piedras no tenía que salir a pelearse con nadie. Al contrario, en más de una oportunidad, anunció en los medios de comunicación, que de ser Presidente haría el segundo piso del presidente Fujimori, y que después del año 2000, sí había esperanzas sin Fujimori. El asunto es que esto al parecer gustaba a los mismos medios que apoyaban al chino y con algunos recelos venían a entrevistar a Toledo y este, a su vez, se esmeraba en convencerlos. Al día siguiente, la noticia rebotaba en todos los medios de comunicación.
Trabajamos en ESAN hasta fines de 1997, y los primeros meses de 1998. Luego decidimos cambiar de oficina, ya que Toledo empezaba a ser requerido por los medios y no era ético trabajar su campaña, abiertamente, desde su oficina de ESAN. Así, Papa Noel, Amado Velásquez, nos ofreció una oficina en la cuadra 28 de la avenida Aviación, en San Borja. La oficina estaba totalmente vacía, sólo tenía un escritorio viejo. No tenía sillas y Toledo compró el fax, en Polvos Rosados, el mismo día que nos mudamos.
Toledo, convencido que Montesinos lo espiaba, le puso a este local de prensa el nombre de “restaurant”. Me dijo, cuando hablemos de este lugar, por teléfono, le diremos “el restaurant”. Nadie debe saber que aquí trabajas la prensa, debe ser secreto y nadie puede entrar tampoco.
Con estas directivas, trabajarnos casi medio año, en ese lugar, muy incómodos, pero, posiblemente, fue el tiempo más importante para prender la campaña, en los medios de comunicación, lo habíamos logrado con éxito rotundo y Toledo se sentía muy feliz.

LOS ENFRENTAMIENTOS
Al pasar los días, podíamos saborear, también, como íbamos subiendo en las encuestas. Era sorprendente, ahora los periodistas perseguían a Toledo, ya no teníamos necesidad de llamarlos. Ahora, ellos estaban atentos a nuestra agenda, es más teníamos que transmitirla, vía fax, para que estuvieran informados. Con esa agenda, ellos perseguirían al candidato, así vaya al cementerio a colocar flores.
El incremento en las encuestas, también traía otras implicancias, en el seno y la organización de la agrupación, por ejemplo, venía más gente, más recomendados, listos para apoyar con dinero o para hacer bulto, en los mítines. El asunto es que, cada día, observábamos más personas, en las oficinas de Cantuarias. Algunos se prestaban para apoyar llevando y trayendo polos y pancartas.
Otros, como Dante Matos, prácticamente, trajeron a los empleados de sus empresas y se especializaron en armar los estrados, en menos de media hora; no importaba de qué tamaño los pidiera Toledo, ellos lo preparaban. Se encargaban de todo, desde el armado, la decoración, hombres de seguridad, lo tenía todo. Era como quien solicita un delivery, con una llamada telefónica, y los hombres de Dante Matos estaban allí, haciéndolo todo, como hormigas, con total eficiencia.
Pero, este ingreso de gente que no conocíamos, sin duda, provocaría celos y malentendidos, entre la gente antigua, principalmente entre los fundadores, ya que Toledo jamás tenía por costumbre informar al partido o a los de la organización quién era quién. Todos se mezclaban, y entre ellos se celaban por cualquier cosa. Generalmente, en los mítines discutían y se peleaban por subir al estrado; los hombres de Matos no lo permitían, ya que esa era la orden del mismo Matos. Y por otro lado,
Toledo nos ordenaba, en prensa, que sólo subirían al estrado, él, Waissman y Eliane.
Entonces, empezaba la trifulca. Los primeros que querían subirse al estrado eran los candidatos al congreso y específicamente, la orden de Toledo habría sido dirigida hacia ellos: “no sube ningún candidato al congreso, están cojudos, este es mi mitin”, ordenaba enérgicamente, el candidato y líder del Partido.
Toledo, al percibir que ingresaba más gente al partido, empezó a medir fuerzas, y a enfrentarlas, para saber qué equipo sería el que más le pudiera servir, y a quiénes podría delegar algunas funciones. Pero, saber delegar era un poco complicado, pues cuando delegaba, generalmente, era a quienes deberían encargarse de la captación de recursos económicos, y si no lo lograban, entonces llamaba a su equipo de emergencia, al de siempre, desde los inicios, que era conformado por Mauricio Diez Canseco, Panchito y la que escribe. Así, a última hora, nos decía, ustedes pongan a la prensa en un avión, envíen un grupo de campaña de avanzada y armen todo para mañana, a las 6 p.m., en Chimbote. De esa forma, nosotros debíamos cumplir esa orden, vivos o muertos.
Esto, sin duda, generó celos entre la gente más antigua, los fundadores, que se quedaban con la boca abierta, al ver delegar la función en gente joven y más activa, y que sin duda lo haría, puntualmente, como siempre se había trabajado, al lado de Toledo.
En el caso de Mauricio Diez Canseco, él tenía dinero y lo podía solucionar todo; invertiría su dinero para recuperarlo después, tal vez sin saber cómo, pero invertía el dinero. Los otros no contaban con dinero, y por lo tanto no cumplirían con la orden.
La elección de los personeros también fue un problema, todos querían gerenciar el tema de los personeros, llegó gente con casas, incluso para utilizarlas para tales fines. También, otros trajeron computadoras y gente especializada en informática. ¿Quiénes eran? no lo sabríamos jamás.
El asunto era que Toledo tendría que decidir en seguir trabajando con los fundadores, entre ellos, Cruz, Alvarado, Sánchez, Arroyo, y al otro lado, Mora, Velit, Sheput. Había muchos, y todos sin duda, tenían intereses. La mayoría se lanzaría como candidato al congreso.
Cuando empezaron las dudas y murmuraciones, y algunos pleitos por manejar el tema de los personeros, Toledo nos llamó, al grupo más íntimo a Cantuarias, y allí, en una reunión cerrada con Alvarado, Cruz, Ferrero, Eliane Karp y otros, cuyos nombres no recuerdo, les pidió que explicaran el motivo de la desunión. Luego de escuchar a ambos grupos, dijo, tienen que sumar, trabajar juntos, no es posible que se estén peleando. Los grupos estaban definidos y él tenía que decidir entre los antiguos y los nuevos. Giró hacia donde estábamos sentadas, la Sra. Karp y yo, y nos preguntó, quiénes tendrían que comandar esto, y yo le dije, el partido, los fundadores. Volteó el rostro y sentenció: los fundadores lo hacen y no hay más que hablar, y como ustedes, también, se han dividido, es hora que se pongan las pilas y sumen.

LOS TEMORES DE MAMUSKA
Mamuska no figuró en los inicios de la campaña, mejor dicho no existía. Jamás la vimos en el año 1997, pero si apareció varias veces, en 1998 y 1999. Poco se hablaba de ella. El candidato andaba solo y además realizaba una vida de soltero…
La decisión de acompañar a Toledo, desde tan temprano en la campaña, como él mismo decía, desde cuando no era nadie, y nadie daba nada por él, me permitió conocerlo más. Lo percibía totalmente solitario y creía que sus escápatelas de los viernes y sábados por las noches, eran para olvidar la ausencia de su pareja que, misteriosamente, no se encontraba cerca de él.
En el transcurso de la campaña, Toledo nos invitó a varias reuniones de camaradería en su casa, en donde él se encargaba de la preparación de platillos, la compra de los tragos y la relación de sus invitados, que era gente muy cercana a él; generalmente los fundadores, desde 1994. En estas reuniones, escuché hablar un poco mas de la pareja ausente de Toledo y más de un comentario me sorprendió.
Mamuska, por razones no conocidas a fondo, había tomado la determinación de abandonar su hogar, dejarlo todo y volver a su país, Bélgica, dejando no sólo a Toledo, sino también a su pequeña hija de, aproximadamente, 4 años. El comentario era terrible. Las mujeres del partido comentaban furiosas el abandono a la niña. Y las amigas más jóvenes de él, decían que la gringa no tenía sentimientos.
La niña, mientras crecía, se encargaba de espantar a cuanta mujer se acercara a Toledo y quisiera ingresar a su casa. Sin duda, a su corta edad, comprendía que debía guardarle el lugar, al anhelado regreso de su madre.
También dijeron que su tía Flor del Campo fue la que se hizo cargo de la niña y vino a vivir a la casa de Toledo, para hacerse cargo de ella y para que le prodigara el amor materno.
En tiempos de la campaña de 1994, aquella niña acompañó a su padre en más de un recorrido proselitista, a los diversos distritos y provincias del país, se les veía muy amigos, y muy unidos. La adoración que ambos se demostraban era obvia, en algunos videos de aquellos días, que el mismo Toledo me permitió observar.
Luego tendría la oportunidad de conocerla. Había dejado de ser tan niña y vi una jovencita preciosa, de ojos maravillosos, de muy pocas palabras, pero de expresión dura, de palabras firmes y muy aprensiva a su cariñoso padre; juntos, obviamente, formaban el par ejemplar de los abandonados.
Los días de campaña se hacían más fuertes, y Toledo ahora tenia que demostrar que vivía con su pareja. Mamuska tendría que entrar en escena. Así, un día el mismo Toledo anunció que al próximo viaje lo acompañaría su mujer. “Necesitamos la figura femenina en la campaña, también, en algunos viajes al interior del país, iremos la familia completa”, se reafirmó…
Un día, cuando nadie la esperaba, se presento en una de las reuniones que se realizaban todos los martes, en el local de Bajada Balta. Vi una mujer medianamente delgada, de cabello claros, que durante toda la reunión observó hasta el último rincón, tal vez analizando las últimas palabras que decía Toledo a sus militantes. Estaba distante, no miraba a nadie en particular.
Ésta habría sido su primera aparición. Más tarde estaría en toda la campaña.
Su participación activa la realizó viajando con el candidato todo el año 1999. También le daba consejos de Economía a Toledo. Ella daba el puntillazo final en esos temas y le guiaba, enérgicamente, para que él no bajara la guardia, en los detalles y precisiones de ese tema.
Recuerdo que en algunos recorridos quiso participar y dar su opinión a los periodistas que nos acompañaban, pero Toledo no se lo permitía, le hacia señas y enviaba miradas para que se mantuviera callada.
Sin duda, era difícil mantener callada a una mujer de sus características, menos aún cuando ella se integraba, en un ambiente caldeado de la campaña. Su ex esposo se enfrentaba a una campaña difícil, ya que en los inicios, la prensa ni siquiera quería mencionarlo.
Ella tuvo la idea de crearle a su ex esposo la imagen de figura del pachacuti, el inca prometido para la resurrección del Perú.
Así, Toledo iba creciendo, y poco a poco, ante el asombro del equipo más cercano, se impuso con timidez en los sondeos.
Toledo, quien diseñaba personalmente la campaña, armó su equipo, que consistía en un pequeño equipo en prensa, y un grupo más amplio para campaña; serían los puntales determinantes. Dentro del equipo de campaba designó a un hombre blanco bien plantado, apodado “el Gato” para realizar la conformación y recolección de la bolsa. Él era quien se encargaba de buscar grandazos y gente de dinero que apostaba con donaciones económicas para los gastos de la campaña presidencial y también para recuperar la democracia.
Así, el mismo Toledo, en algunas oportunidades, tuvo que viajar a los EE.UU. para asistir a las cenas que se organizaban a su nombre. La tarjeta valía 100 dólares americanos. En la cena daba una conferencia y explicaba su propuesta para salvar la democracia, y los animaba a convertirse en militantes de su partido y jugarse con él, por esa causa.
Mamuska, en uno de esos viajes, me solicitó sacarla a la prensa, decía que quería figurar y aportar públicamente, que tenia ideas interesantes y que esto ayudaría a la campaña. “Ahora que Toledo ha viajado, es la oportunidad: ábreme los medios”.
Al parecer quería figurar más. Antes, sólo había salido, en los reportajes, como pareja, en la fotografía, al lado de su Toledo, pero sin aportar una sola palabra; Toledo se lo habría prohibido.
Sabía que al obedecerla, me costaría una llamada de atención, pero era consciente, de igual forma, que Toledo se había estancado en las encuestas: no había subido un sólo punto en una semana. Pensé que era importante jugarnos el albur de sacar a la gringa, para ver si realmente ayudaba. Ella era antropóloga y economista: tendría algo que aportar.
Entonces, un amigo del diario Liberación nos apoyó en esta aventura y pactamos la entrevista. Tendría que darse en su casa y vendría una reportera. La entrevista fue extensa y, sin duda, la periodista quedó convencida, en realizar un extenso reportaje lo que no tenía seguridad, es que si sería a favor o en contra.
Entender a Mamuska era un poco difícil, tenía cosas claras en sus conocimientos, pero estaba disfrazada de la idiosincrasia de nuestro pueblo, habría hecho, sin duda, esfuerzos, pero pocas veces habría sido acertada para darle equilibrio a sus palabras.
Cuando Toledo llegó de su viaje, le informé sobre esta aventura, lo triste era que había transcurrido una semana y la entrevista no había sido difundida, así que Toledo me advirtió que sería mi responsabilidad si sacaban los resentimientos judíos de su mujer. Me dijo:
-Jenny te hago responsable, por hacer hablar a Mamuska. No es acertado, nos puede traer problemas. Estoy en duda, ¿qué pudo recoger la periodista que hace tan difícil la salida de la entrevista en Liberación? Insiste, pregunta cuándo sale y avísame por favor.
Para entonces mi preocupación había crecido, más aún si el mismo Toledo asumía que esto podía ser peligroso. Llamé cerca de 10 veces a la redacción de Liberación y mi amigo me aseguró que la entrevista salía, pero desconocía el enfoque. La tensión creció de inmediato, y permaneció por muchos días más, ya que una entrevista con enfoque negativo, perjudicaría la campaña.
A la semana, la entrevista salió en un reportaje especial de ese diario, en una página. Fue impactante. No podía creerlo, la reportera había seleccionado los recuerdos de la niñez de Mamuska, que sin duda eran muy fuertes, pero también había resaltado su preparación profesional, y como si fuera un sueño, esta misma entrevista que nos hizo temblar, en más de 15 días, había aportado un caudal de credibilidad, sin proponérselo al propio candidato.
Toledo, al observar la respuesta, pensó que era bueno que Mamuska participara, pero él tendría que medirla, y… ¿por qué no?, él mismo acompañarla a las entrevistas, Habría que sacarla a la prensa, pero teniendo mucho manejo con ella y sus opiniones.
Así, Mamuska empezó a salir, en todos lo medios de comunicación. La mayoría de las entrevistas las contactamos, en los medios en donde trabajan algunos amigos. En conclusión, la noticia del mes era la Mamuska y todos rumoreaban que el candidato Toledo tenía una mujer inteligente, simpática, instruida y que aportaba en temas económicos. Sin duda, es una mujer preparada y podía guiar a su esposo, de llegar a la presidencia. Sería un caso nunca visto en una candidatura presidencial peruana.
También hay que reconocer que algunos periodistas, como Ortíz, ayudaron alguíto para que ella empezara a brillar en las entrevistas, especialmente en la de su canal, al competir con otras parejas de candidatos presidenciales.
De igual forma, fue entrevistada por diarios de línea económica y aunque era radical salía airosa. En poco tiempo se había convertido, gracias a los medios de comunicación, en una lideresa de opinión, todos querían entrevistarla para cualquier tema.
Poco a poco, empezamos a ver y sentir su metamorfosis. Aprecié un cambio en ella, al hacerla tan popular como el candidato. Su comportamiento, en el entorno, varió. Por ejemplo, empezó a exigir una agenda de prensa, también para ella, con tono dictatorial y descortés, lo que fue, inmediatamente, corregido por Toledo, igualmente, pedía opiniones sobre su vestuario. Aprendió que los jeans sólo serían para los viajes, y en Lima tenía que lucir vestido o falda para llegar al público electoral, y el color apropiado sería el rojo.
Los titulares habían tomado más atención por la compañera de Toledo, toda la prensa quería conocerla y hasta fue invitada a los programas femeninos para conocerla un poco más. Mamuska, hábilmente, en menos de dos meses, se había comprado, con astucia, la opinión a favor del pueblo peruano. Llenó de esperanza, a quienes sin duda, al principio, pensaron que esta extranjera, al lado de un candidato peruano, sería el gran aporte a la política, en nuestro país.
Cuando un programa de televisión lanzó el caso Zaraí y sus pormenores, también fue solicitada por la prensa y tuvo que afrontarla en más de un programa femenino, así que se vistió de rojo y salió a defender la fidelidad de un cholo que no hacía más que divertirse, todos los fines de semana con ella o sin ella. Su guión era el mismo: salía a explicar que la madre de Zaraí era una mujer cualquiera, que no merecía ser escuchada por los medios de comunicación, y cuando se le preguntaba de Zaraí, sus opiniones llegaron a ser irrepetibles.
A mediado de 1999, ya estaba sumergida en la campaña. Su atuendo juvenil y deportivo la hacía confundirse con todo el entorno más cercano de Toledo. Ella estaba allí, siempre en los discursos, los viajes, los recorridos, los almuerzos de camaradería, y hablándole al oído, cada vez que tenía la oportunidad.

INTRIGAS
Después comprobamos que por el odio es que le llegarían las dudas y los comentarios, en contra del equipo más cercano.
También sembró la duda, desunión y la intriga al candidato. Estaba muy cerca y podía con una palabra decir si era positivo o negativo, y el candidato, con tal de tenerla en la foto de la campaña, tendría que aceptar forzosamente sus requerimientos.
Así empezó a incomodar a más de uno de la organización de la campaña, ya que si ella se mostraba mala, en la elección de la visita a una ciudad, y compartir con los militantes, el viaje era postergado. Todo le parecía una pérdida de tiempo. Ella criticaba los tiempos que compartía el candidato con el pueblo, pensaba que debía tener menos contacto humano. Nosotros pensamos que no, ya que, desde 1997, habíamos comprobado que era el contacto humano lo que más lo acercaba a los pueblos. Así lo reconoció un reportero de un canal de televisión, de apellido Centurión.
La clave del candidato era su contacto con la gente, el tocarles el rostro, tocarles las manos, besarlos, saludar a quienes lo saludaban y a quienes no lo querían saludar.

CELOS
El problema era mayor si Toledo mostraba interés por conversar con alguna militante jovencita, del lugar que visitábamos. Nadie que fuera de sexo femenino tenía que acercársele, porque ella iniciaba una escena de celos que consistía en una metralleta de miradas. Inmediatamente, transformaba su comportamiento por completo, se acercaba al entorno más cercano a averiguar por ésta o por aquella. Nosotros habíamos comprobado en más de una oportunidad que es una mujer insegura y extremadamente celosa.
Sus más íntimos temores eran transmitidos, sin duda, a su cuñada Flor del Campo, que, con poco tino: le había aconsejado las peores actitudes a demostrar en público.

MEZQUINDAD
Pude ser testigo de como mezquinaba un plato de comida a más de un militante. Toledo, dadivoso con pocos, ofrecía una cena después de su visita a cada ciudad, y a la mesa llevaba a sus más queridos militantes del lugar. Entonces, ella observaba la mesa, solicitaba la carta, leía los precios, preguntaba a los comensales qué habían pedido y decía a Toledo que no estaba de acuerdo con el despilfarro de darle de comer a tanto “muerto de hambre”, y que era mejor terminar las visitas, despidiéndose en el aeropuerto. Le mortificaba ver gastar un dinero que había ingresado, directamente, como aporte para la campaña. Siempre, en voz alta, recordaba que ella no podía hacer gastos porque estaba terminando de pagar su casa en Camacho.
Mas tarde, demostraría que era incapaz de aportar un solo sol a la campaña; quería que le dieran el dinero, pero no compartir nada. Así, en una fiesta de navidad que preparó el partido para los niños mas pobres de Lima, ella se opuso a donar 150 muñequitas de plástico de un sol que la organizadora le había pedido hacerlo. Se justificó, diciendo que 150 soles de donación era mucho dinero, y ella aún tenía que pagar su casa. Más tarde, Toledo le había advertido al partido no pedirle un sol a Mamuska; eso estaba prohibido.

CONVIVIENDO CON LA MAFIA
Un día llamó a mi casa para preguntarme si un político, conocido corno el heladero, tendría conexión con la mafia. Textualmente, expresó: “Jenny te llamo para hacerte una pregunta muy seria. Necesito que me saques de una duda importante que tengo, y no me deja dormir”. Le dije, sí doctora, pregúnteme, y me dijo: “¿Crees que el heladero tenga conexión directa con la mafia? Le repliqué, ¿qué mafia?, y agregó, “…este señor parece que se comunica con Montesinos, hay muchas cosas que a mi parecer coinciden con sus actitudes y tengo temor que esté en la entraña de esta campaña”. Le respondí, bueno, este heladero viene del gobierno anterior, yo misma me he preguntado, en más de una oportunidad, qué hace metido aquí y en todos los gobiernos. Ahora entra a esta campaña política, la cual se inicia con un grupo de gente de buena voluntad y de amigos que seguimos a un líder que quiere cambiar la casta política, y este viejo político está metido aquí con todas sus intrigas y con todas sus mañas, ¿quién le ha permitido ingresar a esta campaña y a cambio de qué?
-El heladero pertenece a la vieja casta política, y también pienso que no debe estar tan cerca de la campaña, pero Toledo lo permite, y no entiendo qué razones poderosas tendrá. ¿Por qué, mejor usted no le pregunta al mismo Toledo? Ella replicar: “Es que yo estoy recogiendo información sobre este hombre; lo veo y siento que es peligroso: tenemos que descubrirlo”.
Al día siguiente, siguiendo la agenda de la campaña, la volví a ver con sus jeans bien puestos, y otra vez preparada para emprender un nuevo viaje, una nueva ciudad, y otra vez al lado del heladero o la misma mafia. Ella estaba allí y orondamente habiéndole también al oído. Yo no entendía lo que pasaba. Unas horas atrás, me había demostrado su desconfianza hacia este comodín político, y ahora estaba muy cerca de él, jugándose algunas bromas como si nada hubiese ocurrido. Jamás supe si le preguntó a Toledo, ¿por qué este heladero estaba en la entraña de este joven partido? No sé si el heladero la convenció. El asunto es que dudando o no dudando de él, ella estaba allí nuevamente, lista para la foto, tal vez compartiendo con el mismo enemigo.
El tiempo más tarde justificaría la permanencia de este heladero en la campana, ya que habría dado más de un consejo traidor a Toledo, tampoco se puede olvidar sus ideas alucinantes para el marketing político y su afán por conquistar los medios de comunicación, sólo para él, y claro la escuelita para los congresistas donde les enseñó las triquiñuelas, para administrar su tremendo presupuesto, pagando bajo sueldos y engrosando las planillas.

QUE NADIE PISE MIS ALFOMBRAS
Con el transcurrir de la campaña, Mamuska tornó una actitud más de mujer cuidando a su pareja. No soportaba siquiera que Toledo se reúna con algunos amigos, menos aún en su casa, nadie tendría que pisar sus alfombras, pero a Toledo, que poco le importaba, hacía todo lo contrario y esto trajo más de una discusión entre los socios, como ellos mismos se empezaron a llamar.
Las escápadas de Toledo se hacían mas seguidas. No había viernes ni sábado que no fuera a celebrar, Toledo le pedía a su chofer ir a su lugar favorito, ya que como relata el mismo chofer, él le solicitaba, al acabar las faenas de campañas: “lléveme donde usted ya sabe”. Más tarde, todos sabríamos, por las denuncias periodísticas, cuáles eran los lugares que él y su chofer habrían visitado más de una vez.
Contaban muchas cosas, en torno al comportamiento de la gringa, se decía de la A hasta la Z, pero todos eran rumores, su mal carácter, sus pataletas, su angurrienta forma de cuidar hasta el último centavo, sus duras expresiones contra los otros cholos peruanos y su falta de reconocimiento hacia la mujer peruana, claro Toledo era el culpable, le había hecho creer que era la batichica y eso nadie podría cambiarlo.
Pero un día, la batichica se dejó ver en plena acción. Fue en una parrillada que se le ocurrió hacer a Toledo, en vísperas de su cumpleaños, en su mismo domicilio, sin consultarle a la Mamuska, aprovechando que ella estaría en el gimnasio. Invitó a 30 personas elegidas por él mismo al festín, todos amigos entrañables, fundadores del partido y entre ellos muchos dioses del vaso. La reunión empezó con los tragos que iban y venían y el autoservicio de la parrilla. Toledo estaba sumergido en el festín, sin embargo, a su hermana se le notaba incómoda, y advertía por toda la casa que no se pisaran las alfombras y que no tomen tanto, que la Mamuska llegaría y se armaría la bronca del siglo.
Así, mas de un invitado, frente a este comentario, tratamos de apoyar en recoger algunos vasos y platos y acercarlos a la cocina, y porque no regresar los muebles que algunos invitados habían movido de sus lugares. Tratamos de poner orden, ya que el rostro de la Flor del Campo era de histeria total, miraba a los invitados, y el temor pintado en su cara anunciaba el ingreso de la Mamuska, “qué terror”.
A las 6 ó 7 p.m. ya sólo quedaban 14 personas. Únicamente, se habían quedado los que tomaban a su ritmo, y no querían retirarse y Toledo no dejaba de servir más y más tragos. En esos instantes, la batichica realiza su entrada triunfal, por el lado posterior de la casa, por la puerta de servicio. Estaba con los cabellos amarrados y entró furiosa a reclamar el desorden, inspeccionó la cocina, sus ollas, los vasos en el fregador de platos, estaba furiosa y el color anémico de sus mejillas se había transformado en rojo bandera. Más tarde subió al segundo piso y llamó a gritos: Toledoooo…. y de esta misma forma, le exigió sacar a todos los borrachos de su casa, “se van todos, han pisado mis alfombras, han ensuciado mi casa, estos mugrosos de tu partido, quiero mi casa sin gente, todos son unos viles borrachos, esto es una invasión de indios”. Todos habíamos escuchado atónitos desde el jardín interior.
Así, sin pensarlo, los últimos invitados emprendieron la retirada.
Al día siguiente, me comentaron que fue imposible sacar a unos 5 borrachos y que ella había escenificado la peor pataleta de su vida, había echado sapos y culebras, y ella misma los había botado de su casa.
Ahora ya comprendíamos quien mandaba en la casa de Toledo, el asunto estaba claro.

EL SECUESTRO
Eran las 11 de la mañana de 1999, la Mamuska había llamado, insistentemente, hasta encontrarme en mi casa, Toledo había sido secuestrado por la mafia y le habían tendido una trampa para filmarlo, en las peores circunstancias, al lado de 5 mujeres, sólo para hacerle daño durante la campaña. “Es obra de Montesinos. Él sacará el video para perjudicarlo en la campaña”, me dijo.
No estaba indignada. Se sentía como una mujer a quien el marido le hubiera narrado la mentira más piadosa del mundo para su tranquilidad y para salvar la relación, justificando su desaparición en una noche loca. Tal vez, ella misma no lo creía, pero tenia que pensar que era cierto para continuar la campaña.
Entonces, le pregunté en dónde estaba Toledo y ella me dijo que estaba descansando. “Está confundido, ha sido un problema grave casi no ha podido conciliar el sueño”. No entendía nada, ya que conociendo que era tan celosa, esperaba un ataque descontrolado de celos, y fue todo lo contrario, fue la mujer sumisa, aterrada y sacrificada, por la historia de una noche de putas transformada, en un secuestro al paso. El asunto estaba en que si ella lo creía, Toledo estaba salvado. Lo que Toledo no imaginó es que esa misma historia la tendría que contar a los medios de comunicación, para mantener la mentira piadosa que le diera a su mujer: todo en aras de salvar la campaña y claro por ende la lucha para recuperar la democracia.

CANDIDATOS A LA SUERTE
La conformación de la lista de candidatos en Perú Posible se realizó a última hora. Pocos tuvieron el privilegio de observar de cerca la selección; tenía que ser secreta y realizarse con minuciosidad, fuera de los locales del partido. Para tal efecto, se escogió un hotel miraflorino, que no era el de León Rupp, sino uno ubicado cerca de las empresas de Dante Matos.
Allí, muy pocos tenían acceso, entre ellos Coqui Toledo, Luis Solari -según la confesión de un fundador del Partido- también el mismo Toledo, el chino José Fuentes, y alguna de las secretarias de Toledo, pero sólo para llevar uno que otro currículo que se ofrecía, en las últimas horas. El chino José -seguridad y hombre de confianza de Toledo- y otro agente de seguridad del Chino José, estaban vigilantes para que nadie, que no sea llamado al hotel, tuviera acceso a éste.
El rumor era que Toledo estaba muy concentrado eligiendo a los candidatos y no quería que se le moleste para nada. Coqui era quien escribía en la computadora el listado de éstos, eligiendo, conjuntamente, con su tío, la numeración y el orden en la lista, pero, también, atento al precio que se le ponía a cada candidato por número en la lista. El mismo Toledo se encargaría de las entrevistas con los postulantes. Sin duda, muchos del mismo partido y otros también que nadie conocía, serían los invitados o recomendados, a última hora, claro con su plata. Toledo era claro y conciso y no les dedicaría más de 15 a 20 minutos, a cada candidato.
Aunque poco importaba las hojas de vida de los postulantes, éstas se utilizaron para pasar lista y así fueron citados uno a uno, en las afueras del hotel miraflorino. En los locales de Perú Posible, deambulaban los futuros candidatos a la lista, los que por traer algún aporte tendrían la posibilidad. Los más misios eran los más desesperados, ya que según transcurrían las horas se les acababa la probabilidad de ingresar a la lista.
Los candidatos de provincia fueron los primeros en ser recibidos, y uno a uno fueron ingresando a la entrevista. Muchos fueron descartados en el acto, según rumorearon en las puertas del local de Cantuarias; la razón era por no contar con el aporte que les solicitaba, el mismo Toledo. En todo caso, si existía una promesa de pago tendrían que hablar con “el gato”, él se encargaría de realizar el fino trabajo de la recepción del dinero, cheques y letras.
Según el gato, las aportaciones se dieron de todas las formas, a través de dinero en efectivo, cheques, y algunos cheques sin fondo, increíblemente, también, letras a pagar, después de ingresar al Congreso, y que, irónicamente jamás se cancelaron.
Por otro lado, el aporte de quienes si podían se realizaba sin ningún problema. De esa forma, consiguieron su expectante cupo en la lisia: Julia Valenzuela, Marcial Ayaipoma, Alberto Kouri. Jorge D’Acuña, Javier Cáceres, entre otros.
Los más misios, sin duda, entrarían con el pago por su trabajo, contribuyendo con el partido a la recolección de firmas y el trabajo organizado al interior del país, conferencias, entre otras actividades. Entre ellas, podría considerarse a Doris Sánchez, y las mujeres del partido que las colocaron casi a última hora, sin entregar ni un solo dólar, como fueron Rosi Guzmán, Delia Pobis, Nena Document, Armandina Aguirre, entre otras.
Se futró que Toledo había invitado a algunas mujeres profesionales de prestigio, algunas que trabajaban en ESAN, pero ellas no aceptaron entrar en la aventura política. Por esa razón, la conformación de la cuota obligatoria de mujeres, en la lista para postular al Congreso, se definió casi a última hora: por eso descubriríamos, desde la instalación del Congreso, muchas sorpresas como la de la congresista Chuquival.
La lista se construía en estricta reserva. Toledo se encontraba, a puerta cerrada, en una de las habitaciones del hotel miraflorino, y nadie sabía lo que estaba pasando adentro. Aunque, nuestra fuente nos contó que a media mañana ya se había recibido mucho dinero, en efectivo.
En todo caso, Toledo tenía que permanecer encerrado, ya que muchos militantes de su partido se creían también con derecho a integrar la lista al Congreso, así que él había preferido esquivarlos. En todo caso, Toledo al parecer, no les habría ofrecido nada, pero ellos se pusieron la camiseta, pensando ganar algo, pero al final, prevalecería el aporte económico, más no los sacrificios humanos, menos aún, un buen currículo.
Sin duda, este fue el primer día de gran desilusión para muchos de sus militantes, ansiosos por postular al Congreso, quienes vieron muertas sus esperanzas, al enterarse que sólo con dinero podían conformar la lista.
Asimismo, la lista la integrarían los desconocidos, a quienes nunca vimos, los que trabajamos la campaña, desde adentro. A estos, los fundadores les llamaron los golondrinos, ya que sólo vinieron al partido a servirse.
La candidatura de la lista congresal de Perú Posible nada tendría que ver con lo que Toledo pregonaba en los mítines, ya que en las distintas plazas del interior del país decía que había ido a buscar a los empresarios de éxito y políticos valiosos, para conformar la lista de su Partido al Congreso.
Muchos imaginamos que, sin duda, en la lista habría gente de bien, con valores morales, trabajadores, responsables, padres de familia ejemplares con hijos reconocidos, lumbreras universitarias, gente nueva, jóvenes, empresarios y hombres probos, capaces de cambiar la historia del país, y que no tuvieran que pagar para conseguir ser congresistas, ya que tarde o temprano podrían convertirse en tránsfugas, capaces de cambiarse de camiseta según sus propias convicciones. En todo caso, habían comprado su curul y no se la debían a nadie. El tiempo no demoró en darnos la razón, y que esto no le interesaba para nada a Toledo; poco le importaba constituir un Congreso decente.
A pesar de esto, los candidatos a las listas previas, al Congreso, hacían cola en las puertas del edificio de Cantuarias, para saber si podían quedar preseleccionados. Sin duda, que el restaurante Don Pipo, ubicado en el sótano de ese edificio, había hecho más dinero que en toda su existencia, ya que de pronto, sus instalaciones se llenaron de comensales que esperaban ansiosos la gran oportunidad.
Ingenuamente, yo pensaba que a pesar de todo lo que escuchaba, Toledo estaba buscando los mejores líderes de provincias y lumbreras culturales; gente nueva para su lista. También lo dijo a la prensa. Anunció, en dos oportunidades, que estaba visitando el interior del país para buscar los candidatos, razón principal por la que realizarnos un viaje fugaz a provincias.
Recuerdo con exactitud que una entrañable amiga, la doctora Sonia Valcárcel, Presidenta del Consejo de Juventudes Nacionales, me solicitó una entrevista personal con Toledo para pedirle, personalmente, que la incluyera en su lista. Así, con mucha timidez le sugerí a Toledo, la posibilidad de entrevistar a la doctora Valcárcel, a quien conocía más de 20 años, y cuya labor en defensa de los jóvenes en todo el Perú, había observado muy de cerca.
Una mujer que, a cambio de nada, se había convertido en una esperanza para tantos jóvenes desprotegidos de todo, especialmente del apoyo legal, y que en muchas oportunidades por su precaria situación económica se habían convertido en victimas de la sociedad. Por eso, ella puso a disposición de ellos, su estudio de abogados, así como medicinas, en forma, totalmente gratuita para muchos jóvenes que padecen de SIDA, en todo el Perú.
Entonces, ingenuamente, pensé que ella, por su profesionalismo y éxito en el Consejo de Juventudes Nacionales, pero sobre todo por su sensibilidad humana y su vocación de servicio, a flor de piel, de hecho se convertiría en una gran candidata, con muchas posibilidades de ganar en la lista de Perú Posible.
Cuando le comenté quién era la doctora Valcárcel, él mismo me solicitó su currículo, el cual se lo entregué personalmente, además de un brochure del CODEJUN, institución que ella presidía.
Increíblemente, esa misma tarde le concedió la cita para entrevistarla, a la cual, ella acudió puntualmente. A pocas horas de la reunión, sonó mi celular y escuché la voz quebrada de la misma doctora y me dijo lo siguiente:
-“Ay, Jenny, aún no sabes con quién trabajas. Este señor Toledo me ha pedido dinero para integrar su lista. Me ha pedido 150,000 dólares, y como tú sabes a mí me parece poco digno pagar para candidatear al Congreso. Además, esa cantidad de dinero podría ser utilizada, en tantos jóvenes que atiende mi estudio, y no me parece que deba entregárselo para ser candidata al Congreso en la lista de Toledo”, expresaba la doctora, con la voz cargada de amargura, indignación y desilusión.
Me quedé absorta. No supe que decirle. Sin duda, me sonrojé y preferí sentarme en una de las gradas de una escalera que estaba cerca de mí. Entonces, escuché el detalle de ese increíble diálogo de los labios de la doctora:
-“Llegué puntualmente. Me atendieron, en ese mismo momento, pero por ser la primera vez que tenía el interés de postular al Congreso y apoyar, desde el legislativo, a nuestros jóvenes olvidados, me sentía emocionada y algo nerviosa. Luego, me llamaron e ingresé a una elegante oficina. Me senté frente a él. Era la primera vez que lo veía en persona; siempre me pareció un proyecto importante.
“Vi de reojo que tenia entre sus manos, la copia de mis documentos que le envié contigo, pero yo llevé una más y se la dí, pero él ni la revisó. Yo hice una presentación previa sobre mi labor profesional, luego escuchó, atentamente, mi relato sobre el CODEJUN, del que quedó muy interesado, porque me hizo muchas preguntas al respecto, y al rato me dijo:
-‘Doctora, necesitamos que aporte para los gastos de campaña 150,000 dólares’.
-“Y sorprendida, sin atinar a otra respuesta, le expresé que lo que pedía era mucho dinero y que lo que tenía estaba destinado al apoyo desinteresado de muchos jóvenes, que sufren miseria en nuestro país. Yo no cuento con tanto dinero en efectivo, ten¬dría que sacar este dinero del banco y sin duda estaría perjudi¬cando a la causa de los jóvenes del CODEJUN”.
-“Doctor Toledo, le dije, me parece que soy una candidata que puede integrar, su lista. Acépteme, se sentirá orgulloso que una profesional como yo integre la lista de su partido. Y Toledo respondió;
-‘Doctora, qué me está usted diciendo, que quiere postular sin aportar a la campaña. No es posible, todos tienen que apoyar la campaña contra la dictadura’.
-“Doctor, me es imposible destinar tanto dinero para integrar su lista, le dije enfáticamente. Yo aportaré más dentro del Congreso, a favor del Perú, recuerde que tengo una experiencia palpitante que es el Consejo. Toledo se sonrió y me volvió a repetir que era imposible”.
“Traté, infructuosamente, de convencerlo y hablarle de un proyecto Nacional que tenía entre manos, la conformación del CODEJUN, el cual Toledo escuchó con mucho interés. Sin embargo, Toledo, mirándome fijamente a los ojos, sentenció;
-‘Doctora ¿qué piensa usted, que si yo no gano las elecciones me voy quedar aquí? ¿En este país de miserias? ¿Usted cree que si yo no soy elegido presidente, me voy a quedar en este país? ¡NO!’
-“Así es Jenny, esta fue la entrevista con el líder del Partido. Gracias por la oportunidad que me diste, pero he quedado decepcionada de él y de la conformación de su lista al Congreso”, terminó diciéndome la doctora Valcárcel que aún no salía de su asombro.
Lo escuchado me había caído como un baldazo de agua fría. La doctora me estaba confirmando que Toledo sí pedía dinero para la conformación de la lista al Congreso. Mi esperanza de que si llegaba Toledo a ser Presidente iba a limpiar y reconstruir hasta el mismo Congreso se había esfumado, en ese preciso instante. Al conocer esta respuesta, sentí una enorme decepción, aunque en ese momento las arduas tareas de la campaña, sacaron de mi pensamiento este sentimiento.
Al día siguiente, no obstante, volví a recordar el episodio, aunque Toledo me había llamado la noche anterior para decirme:
-Jenny me recomiendas a una doctora que no quiere soltar un dólar, por favor.
-Pero, doctor, usted ¿no dijo en televisión que buscaba renovar los líderes políticos y cambiarlos con gente honesta y profesional? Entonces, yo pensé que la doctora era la más indicada. Conozco su trabajo de cerca. Es lo mejor que conozco. Y él me dijo tajantemente:
-No, no me mandes misios.
Bueno así que la lección estaba aprendida. En la noche, Javier Cáceres, otro personaje que ansiaba conseguir una cita con Toledo, para ser incluido, me preguntó si yo podía comunicarle a Toledo su intención de ser candidato al Congreso. Así, renovando el ritual, llamé al doctor Toledo, delante del mismo Javier Cáceres, y le dije, doctor, Javier Cáceres quiere ser candidato, y Toledo me dijo, tiene plata, y yo al mismo tiempo, le consulté a Javier Cáceres, quien confirmó que contaba con dinero, por lo que le dije a Toledo que si tenía plata, y él culminó diciéndome, entonces, mándamelo al hotel.
No supe más, ni quise volver a prestarme para eso. En todo caso, tristemente, había constatado que en la lista de Toledo, sin duda, sólo iba gente con su billete, y obviamente, muy poca gente honesta y profesional. El tiempo acabaría por darnos la razón, precipitadamente.
Pero también, los misios de su propio partido querían convertirse en candidatos, y entre ellos había muchos, que sería muy largo mencionar, pero recuerdo algunos casos notables, como el de Doris Sánchez, que sin poner un solo dólar, Toledo le dio el número 5 de su lista, ante la envidia de muchos aspirantes al Congreso. Al parecer, Doris habría demostrado ser su incondicional, y ya bastante había hecho antes de ser cambiada por Bruce, en plena marcha de los cuatro suyos.

MONTESINOS HA INICIADO SU ATAQUE
El reloj había marcado las 2 de la mañana cuando Alejandro Toledo telefoneó a mi casa.
-Jenny, toma un taxi, y te lo devuelvo aquí, en la oficina. Tienes que venir a Cantuarias, los planes han cambiado, ven para que te ponga al tanto.
Sin meditarlo, me puse un buzo y salí casi corriendo. Crucé el parque a la carrera, llegué a la Av. La Marina y tomé el primer taxi que pasó.
Al llegar a Cantuarias, él asomó su cabeza por la ventana y arrojó las llaves de la puerta principal. Subí hasta la sala de su oficina, donde había unos muebles y una mesita. Allí había restos de comida de chifa, al parecer habían sido más de cuatro personas, los comensales, pero ahora sólo estaba el candidato y un tal Walter Gago. Toledo me lo presentó como el rey de los abarrotes, era la primera vez que lo veía.
Entonces Toledo me manifestó:
-Jenny, tenemos que cambiar los planes. Montesinos está siguiendo nuestros pasos, y ha decidido enviar a Fujimori a los mismos lugares que hemos propuesto para la campaña. Si él viaja nos va a quitar toda la prensa, en provincia, y esto sería desastroso para nosotros. Lo poco que invertirnos no dará frutos. No habrá rebote en los medios de comunicación, y eso no la podemos permitir. Sería la ruina para la campaña. ¿Qué hacemos?, me dijo desesperado.
Al comienzo, pensé que sería imposible pelear con el gran estratega del SIN, ese hombre de apellido Montesinos, estaba haciéndonos la guerra, en la campaña electoral, con toda la maquinaría del poder. Sin duda, esta noticia tendría que ser la peor, al iniciar el trabajo en provincia.
En esa época, era muy difícil combatirlo. No teníamos los medios, y suponíamos que él se enteraba de todos los detalles de nuestra campaña porque nos tenía chuponeados. ¿Qué podríamos hacer contra ese hombre tan poderoso? Tal vez, sólo tomarle el pelo, pero también tendríamos que jugarnos la incertidumbre, con los mismos medios, de comunicación, ya que, según Toledo, Montesinos tenia gente infiltrada en los medios y se enteraría de nuestros planes de viajes.
Entonces, pensé que teníamos que jugárnosla. Propuse realizar una nota de prensa diaria, anunciando un viaje al interior del país, el cual no realizaríamos; la nota se enviaría de madrugada a todos los medios de comunicación. Al día siguiente, les avisaríamos telefónicamente para que nos envíen a los reporteros al anunciado viaje, cuyo destino sería otro, y recién se enterarían, en pleno vuelo.
La idea era casi descabellada, y aunque parezca increíble, el plan resultó, y con mucha alegría pudimos disfrutar de nuestros logros, en lo que respecta a difusión, en el interior del país, y el correspondiente rebote en Lima.
Toledo de felicidad, no hacía más que festejar el rebote de la prensa, durante sus viajes a provincia, en los que tuve la oportunidad de acompañarlo, a su propio pedido. Fueron momentos emocionantes, ya que percibí de cerca, como Toledo tenía aceptación, en el interior del país, y eso se reflejaba en las encuestas. En provincia, ya lo conocían, pues meses atrás, habíamos enlazado a Toledo, en las radios más pequeñitas del interior del país. La gente lo esperaba en el aeropuerto. Era extraordinario.
Aunque muchos han desconfiado respecto a que la subida de Toledo en las encuestas fue gracias a la ayuda que le daba Montesinos, pudimos constatar, de cerca, que era un trabajo minucioso de un pequeño equipo con garra. Sin duda, no era la mano de Montesinos.
Mas tarde, empezaron a suceder cosas curiosas, por ejemplo, en Chiclayo, tuvimos un altercado con unos agentes del SIN. Nos habían seguido todo el viaje. Estuvieron en el mitin, y lo peor también nos seguían a almorzar. Por lo que decidimos filmarlos, frente a frente, pudimos registrar sus rostros, pero ellos intentaron quitarnos la cinta, lo cual no permitimos, y tuvimos que hacer la bulla respectiva para que salgan corriendo del hotel, donde estábamos almorzando.
En otra oportunidad, al terminar mis labores de rutina, en la oficina de Cantuarias, casi a las 12 p.m., pude observar que un hombre estaba apoyado en un auto Toyota, verde claro. Era alto y de tez blanca, tenía un periódico, en la mano, y se preparó al verme salir. Bajó el cierre de su pantalón y extrajo su miembro viril, y se empezó a masturbar sonriendo. Cerca de mí, estaba José Fuentes, el popular chino -negado tres veces por Toledo- me acerqué a él, y le expliqué la situación, él me protegió. Salimos juntos del lugar, y fuimos a encontrarnos con Toledo, en un restaurante muy prestigioso en la misma calle Cantuarias. Allí le relaté los hechos. Él y su mujer sólo atinaron a decir: es obra de Montesinos.
Vi preocupada a Eliane. Ella, luego, me dijo, te quieren bajar la moral, y no debes permitirlo, debes ser indiferente a esto y no hacerles caso, quieren asustarte y no debes dejarlos que te asusten. Toledo asintió con la cabeza, sin embargo, pienso que en el primer momento, su silencio trató de darle miles de explicaciones a lo sucedido, pero no dijo nada más.
El trabajo, en esos días, era agobiante, era el verano de 1999, y las cosas se ponían, cada vez más difíciles. Algunos candidatos al congreso estaban denunciando que Montesinos los había citado para proponerles pasarse al gobierno con la condición de ayudarlos a ingresar al parlamento. Fueron muchos y, también, supimos después que Montesinos llegó a convencer a la gran mayoría, e incluso los hizo ir a sus oficinas. Toledo fue advertido de esto, ellos mismos se lo comentaron, pero prefirió guardarlo, hasta hoy, en secreto.
Los medios de comunicación, en su mayoría, estaban secuestrados a las ambiciones de Montesinos y Fujimori; era casi imposible entrar a ellos. Sin embargo, siempre teníamos la visita de algunos periodistas, como el negro Vidal, a quien muchos lo relacionaban con Montesinos, y que al parecer siempre estaba llevándole información de primera mano a Toledo; no sabemos a cambio de qué, pero sí sabemos que él fue muchas veces a nuestra oficina. También Toledo nos pidió, varias veces, que lo llevemos a su casa en San Borja, en un edificio, al frente de una cevichería.
El negro Vidal venía, casi todos los días, lo curioso es que su canal no le daba mucha importancia a Toledo, pero él sí. En más de una oportunidad nos saludó, e incluso nos dio su opinión de nuestro trabajo, él estaba siempre allí, sin que nadie lo llame.
Mas tarde, se acercó Alejandro Guerrero, a quien siempre Toledo le hacia bromas por su servicio de Inteligencia, siempre lo relacionaba con los servicios secretos del Estado. También me hizo bromas a mí. En muchas ocasiones nos dijo a mí y Alejandro Guerrero, qué saben de tu SIN y del tuyo, y todos echábamos a reír. Realmente no sé cuál sería su intención.
Recuerdo que un día llegó Alejandro Guerrero hasta Cantuarias, cuando Toledo subía en las encuestas y me pidió una entrevista con Toledo. Me mostró un papelito, con los nombres de varios periodistas, entre ellos Juan Pablo Chirito y un tal Paredes. Pienso que era una lista de periodistas que laboraban en el Congreso y también, en política, y me dijo, dile a Toledo que estos periodistas de la lista queremos decirle algo importante. Jamás supe qué le dijeron, pero suponía que era para delatar a alguien.
Al llegar Gorriti, el síndrome contra Montesinos, los mafiosos, los fujimoristas y otros, se hizo más crítico. Gorriti veía espías en todas partes. Tal vez, imaginaba que Montesinos nos había infiltrado. Sin embargo, pienso que él utilizaba métodos más sofisticados para conocer nuestras actividades y el mismo Gorriti tal vez no lo percibía, porque se encargó de buscar espías y fantasmas donde jamás los hubo.
Sin duda, Montesinos tenía diferentes estrategias para chuponearnos, aparentemente, para él nada era difícil. Muchas veces, hasta pensé que podía haber convencido a Toledo para sus propios intereses; otras veces dudé de esta opción, porque me parecía increíble que nuestro candidato tuviera tan pocos valores. En ese tiempo, esto era imposible, especialmente para mí.

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One Response to LA FARSA DE ALEJANDRO TOLEDO PARTE I

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